Metralletas de plástico

Llevo ejerciendo la abogacía más de veinticinco años. Y en innumerables ocasiones he tenido que ser impotente testigo de un defectuoso sistema de garantías penales que permite que se destruya la vida de personas inocentes o que anticipa castigos mucho más allá de lo que a cualquiera con un mínimo de sentido común le resultaría razonable. 

Pero el burdo intento de falsear la realidad que esta pasada semana ha realizado la Guardia Civil con ocasión de la operación contra unas supuestas mafias rusas afincadas en Marbella que han denominado "Oligarkh", supera con creces los límites de lo admisible y causa un grave daño a los intereses generales de los ciudadanos. Por lo que me siento obligado a apartarme un poco de los cauces ordinarios en los que por mi profesión me muevo y a utilizar sus mismos medios para ponerlo de manifiesto de la forma más contundente posible.

 

Omitiendo cualquier referencia a los intereses particulares de las personas investigadas, que a pesar de la presunción de inocencia se verán en su día obligadas a demostrar que no son culpables. Y omitiendo también hacer referencia a los hechos que se les puedan imputar, pues como consecuencia de la extensiva interpretación del secreto sumarial que vienen amparando nuestros tribunales, les son desconocidos aun después de haber prestado declaración como detenidos. Me centro aquí en DENUNCIAR PUBLICAMENTE la abusiva utilización de los medios de comunicación que por parte de las fuerzas del orden público se viene realizando con ocasión de las operaciones que realizan.

 

Abusos que en el caso que hoy me ocupa les ha llevado a publicar las fotos, nombres y apellidos de personas a las que imputan la comisión de determinados delitos y a tratar de aumentar la gravedad de sus supuestas conductas mediante su vinculación con una organización de carácter mafioso, exhibiendo en todos los medios de comunicación (incluyendo el telediario de TVE 1) imágenes de un supuesto almacén de armas de fuego, concretamente metralletas, que les constaba no eran más que la colección de juguetes de Paintball y SoftAir del hijo de uno de los investigados.

 

Imagen distribuida en la página web de la Guardia Civil y que forma parte del video institucional que han publicado en internet, mandándolo a su canal de Youtubea la prensa y telediarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así lo han reconocido fuentes de la investigación, cuando me informaron personalmente que al localizar "las metralletas" y a pesar de ser bastante evidente, se optó por avisar a técnicos de balística y que estos confirmaron que sin lugar a dudas se trataba de armas de juguete, por lo que ni siquiera fueron intervenidas y quedaron en la vivienda del investigado.

De ahí que su hijo y legítimo propietario se haya podido tomar una foto que aparece abajo, con un periódico en el que se da cuenta del suceso y en el que se mostraban ya las supuestas armas de fuego, que siguen en su poder.

 

 

Esta incomprensible actuación de la Guardia Civil, que no achaco a sus abnegados agentes sino a mandos ansiosos por colocarse medallas que no les corresponden, pone en serias dudas el resto de la investigación realizada y tendrá que ser depurada en las sedes competentes (por vulneración del secreto de actuaciones, vulneración del derecho a honor...) pero dada su indudable trascendencia (al final la gente no lee sumarios y se limita a ver telediarios) no puedo dejar de hacerla pública. Y pedir que por el bien de nuestro sistema legal y de nuestros ciudadanos, no se vuelva a producir nunca una situación semejante. Pues un gran número de personas que hasta que se demuestre lo contrario deben ser consideradas inocentes, han sido estigmatizadas probablemente de por vida. Y Marbella, una ciudad especialmente sacudida por este tipo de ignominias, ha vuelto a ser víctima del sensacionalismo más deleznable.

 

Espero que algún día se den cuenta de que con este tipo de actuaciones sólo consiguen causar daños innecesarios, como los que se hicieron con el fiasco que denominaron Ballena Blanca. Y que con ellas no benefician a nadie. Mucho menos a la Justicia.

 

José Francisco Ruiz
Abogado

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